(Hybris) Capítulo 3: Rapto

Cuando recuperó la conciencia, lo primero que pensó fue que se estaba muriendo, el pánico llegó antes que cualquier pensamiento. Intentó levantar las…

(Hybris) Capítulo 3: Rapto

Cuando recuperó la conciencia, lo primero que pensó fue que se estaba muriendo, el pánico llegó antes que cualquier pensamiento. Intentó levantar las manos y descubrió que no podía moverlas; tiró de los brazos con fuerza y las bridas se clavaron en sus muñecas.

—¡Eh!

Su voz sonó extraña en aquella habitación, demasiado pequeña, demasiado lejana. Esperó una respuesta que no llegó.

Mateo respiró varias veces, intentando tranquilizarse. Se obligó a pensar. Había pasado muchas veces por situaciones de incertidumbre profesional. Había entrevistado a delincuentes, analizado secuestros, reconstruido desapariciones.

Sabía cómo funcionaban aquellas cosas. Solo tenía que observar, tenía que entender. Entonces se encendió una luz roja, haciendo que Mateo parpadeara torpemente. Miró alrededor y sintió que el estómago se le cerraba.

La habitación medía aproximadamente cuatro metros por tres. Las paredes estaban cubiertas de espuma acústica. Había una mesa de mezclas, un ordenador, un micrófono. Todo era idéntico a su estudio.

Durante unos segundos no pudo comprenderlo.

—¿Qué es esto?

Los altavoces emitieron un ruido estático. Mateo giró la cabeza y la grabación comenzó. Era su voz, pudo reconocerla inmediatamente:

¿Quién sale a pasear de madrugada por una zona oscura, con auriculares de alta gama y el teléfono en la mano?

Mateo se quedó inmóvil. La frase continuó:

¿Esperaba que nada sucediera?

Se le aceleró el corazón.

—No.

No sabía a quién se lo decía.

—No…

La grabación siguió hasta el final.

Cuando terminó, una voz diferente salió de los altavoces. Era una voz modificada electrónicamente, casi irreconocible.

—Bienvenido a tu propio programa, Mateo.

Mateo comenzó a forcejear.

—¡¿Quién eres?!

Silencio.

—¡¿Qué quieres?!

La voz respondió:

—Quiero que hagas lo que mejor sabes hacer.

Mateo dejó de moverse.

—¿Qué?

—Analizar.

Una pantalla situada frente a él se encendió. Apareció un contador.

—Tienes diez minutos para encontrar la salida.

Mateo miró los números: 9:59.

—¿Qué salida?

—La que según tú siempre existe cuando uno presta suficiente atención a las señales.

El contador siguió bajando. Mateo empezó a mirar la habitación y por primera vez comprendió que el hombre que había preparado aquello lo conocía bien. Había construido una réplica de su mundo, un lugar en el que Mateo se sentía seguro. Solo que ahora no había público, no había compañeros, no había nadie al otro lado del cristal. Solo él y 9 minutos restantes.

 

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© 2026 Lourdes García Morán. Todos los derechos reservados.
Hybris es una obra de ficción original. Queda prohibida la reproducción, distribución o transformación de este texto, total o parcialmente, sin autorización expresa de la autora.

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