(INSOMNE) Capítulo 3: La puerta

—¿Qué ocurre en la pesadilla? —Nada. —Oliver. —Nada que pueda explicarte. El terapeuta dejó la libreta sobre sus piernas. No escribió nada. Eso me…

(INSOMNE) Capítulo 3: La puerta

—¿Qué ocurre en la pesadilla?

—Nada.

—Oliver.

—Nada que pueda explicarte.

El terapeuta dejó la libreta sobre sus piernas. No escribió nada. Eso me tranquilizó un poco.

—¿Por qué?

—Porque no tiene sentido.

—Los sueños no tienen por qué tener sentido.

—Ya. Pero esto es diferente.

—¿Diferente cómo?

Miré hacia la ventana. Había una persiana a medio bajar y detrás, un cielo gris que no me decía nada. Pensé que quizá debería haberle hecho caso a mi madre. Quizá aquello sí era una enfermedad. Quizá llevaba demasiado tiempo diciéndome que no lo era.

—Cuando estoy ahí— Dije —sé que estoy ahí.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—Acabas de decir que sabes que estás ahí.

—Sí.

—Pero no sabes dónde.

—Exacto.

El terapeuta asintió despacio, como si acabara de confirmar algo que llevaba tiempo esperando. No me gustó.

—¿Reconoces los lugares?

—A veces.

—¿Son lugares que conoces?

—No— Negué con la cabeza.

—¿Y aun así sabes dónde tienes que ir?

No respondí. Eso era precisamente lo que más miedo me daba. No sabía dónde estaba, no sabía cómo había llegado, ni tampoco sabía quién podía estar allí. Pero sabía dónde tenía que ir. Y siempre había una puerta. Una puerta que tenía que abrir.

—Oliver.

Parpadeé.

El terapeuta estaba frente a mí. La habitación seguía siendo la misma. El sillón. La mesa. La caja de pañuelos. La planta enorme junto a la ventana.

Respiré. Una vez. Dos. Tres.

—¿Está todo bien?— Preguntó.

—Sí— Mentí.

—Te has quedado ausente unos segundos.

—Estoy cansado.

—Puede ser.

—No estoy perdiendo la cabeza— Me pasé las manos por la cara.

El terapeuta hizo una breve pausa— No he dicho que la estés perdiendo.

—Ya— Esbocé incrédulo.

Miré el reloj. Eran las once y diecisiete y el segundero parecía avanzar. Me quedé observándolo durante unos segundos. Necesitaba verlo moverse. Necesitaba comprobar que el tiempo seguía pasando. Necesitaba saber que este momento era real.

—¿Qué día es hoy?— Pregunté.

El terapeuta frunció ligeramente el ceño. “Lunes.”

—No. La fecha.

Me la dijo.

La repetí mentalmente. Lunes. Veinticuatro de agosto.

Todo estaba bien. Estaba en una consulta. Mi madre estaba esperando mi llamada al salir. Había venido a hablar de una pesadilla. Eso era todo. Una pesadilla. Una semana sin dormir bien. Cansancio. Nada más.

—¿Quieres que hagamos una pausa?— Preguntó.

—No— Me incorporé un poco en el sillón— Quiero terminar.

Quería salir de allí y me daba miedo que alguien se diera cuenta de ello, de lo vulnerable que realmente soy.

El terapeuta volvió a coger la libreta— Cuéntame qué ocurre cuando cruzas la puerta.

Me quedé mirándolo— ¿Qué puerta?

—La de la pesadilla.

No recordaba haberle hablado de ninguna puerta.

la puerta© 2026 Lourdes García Morán. Todos los derechos reservados.
Insomne es una obra de ficción original. Queda prohibida la reproducción, distribución o transformación de este texto, total o parcialmente, sin autorización expresa de la autora.

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