La evitación experiencial y la paradoja estival del amor

Es curioso cómo funciona el verano. Por un lado, es la temporada oficial de las bodas y las promesas. Por otro, los despachos de abogados se llenan de…

La evitación experiencial y la paradoja estival del amor

Es curioso cómo funciona el verano. Por un lado, es la temporada oficial de las bodas y las promesas. Por otro, los despachos de abogados se llenan de divorcios en septiembre. La culpa no la tiene el calor ni pasar demasiadas horas juntos en la playa. La culpa es que nos quedamos sin excusas.

En terapia se suele hablar de la evitación experiencial. Básicamente, es nuestra tendencia a esquivar todo lo que nos causa malestar. Cuando una relación se resquebraja, duele demasiado sentarse a mirar las grietas. Así que optamos por la salida fácil y nos distraemos.

Durante el resto del año, la rutina nos salva. El trabajo, la casa, la compra y los horarios actúan como una anestesia perfecta. Vivimos hiperocupados. Cruzarte con tu pareja por el pasillo entre la cena y el baño de los niños deja muy poco margen para preguntarte si realmente eres feliz.

El problema llega con las vacaciones. El estrés logístico frena en seco y ese escudo protector desaparece. Te encuentras cara a cara con la otra persona, todo el día, sin reuniones ni alarmas que te salven. Y todo ese espacio mental libre se llena de la realidad que llevabas meses esquivando. El vacío, cuando ya no hay afecto, hace muchísimo ruido.

A veces caemos en la trampa de pensar que un billete de avión curará una desconexión de años. Pero la realidad siempre viaja en la maleta. Las separaciones de septiembre rara vez nacen de una discusión tonta en el chiringuito. Lo que pasa es que, al quitar la cortina de la rutina, mucha gente por fin se da cuenta de la verdad. Detrás de tanta agenda ocupada, en realidad llevan mucho tiempo atravesando un duelo en vida por una historia que ya había terminado.

Y es normal que aparezca una culpa aplastante al dar el paso, como si estuvieras rompiendo algo que aún tenía arreglo. Pero aceptar este final no es un fracaso. Sostener un vínculo vacío requiere una cantidad de energía mental tremenda, y ese duelo en vida agota a cualquiera. Reconocer que la historia se acabó es, en el fondo, un acto de honestidad más que necesario. No hay culpa en dejar de fingir. Es simplemente la única manera de soltar el peso, dejar de sobrevivir a la relación y permitirse, por fin, volver a respirar.

Algunas referencias bibliográficas que podrían ser de ayuda:

  • Brines, J., & Serafini, B. (2016). Is divorce seasonal? Documento presentado en la reunión anual de la American Sociological Association, Seattle, WA.
  • Harris, R. (2009). ACT with love: Stop struggling, reconcile differences, and strengthen your relationship with acceptance and commitment therapy. New Harbinger Publications. (Referencia clave para entender cómo opera la evitación experiencial dentro de los vínculos de pareja).
  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2014). Terapia de Aceptación y Compromiso: Proceso y práctica del cambio consciente (Mindfulness). Desclée De Brouwer. (Manual de referencia clínica que conceptualiza la Evitación Experiencial).
  • Gottman, J. M., & Silver, N. (1999). Siete reglas de oro para vivir en pareja: Un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia. Plaza & Janés. (Para sustentar los conceptos sobre la desconexión emocional progresiva y el desgaste en la convivencia).

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