No esperes a que la situación sea incontrolable para actuar

Ir a terapia no significa que tengas que esperar a tocar fondo. La psicología clínica tiene herramientas para evitar que la ansiedad cotidiana o el estrés…

No esperes a que la situación sea incontrolable para actuar

Ir a terapia no significa que tengas que esperar a tocar fondo. La psicología clínica tiene herramientas para evitar que la ansiedad cotidiana o el estrés acaben paralizándote. Dos de las opciones con más respaldo son la Terapia Dialéctico Conductual (DBT) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).

Ambas son terapias de “tercera generación”. Mientras que la psicología tradicional se centraba en exponer al paciente a sus miedos o en discutir la lógica de sus pensamientos, esta nueva ola hace algo distinto. Parte de la idea de que intentar borrar una emoción desagradable casi siempre genera más ansiedad. El objetivo pasa a ser cambiar cómo te relacionas con ese malestar.

La DBT (Terapia Dialéctico Conductual) nació para tratar desregulaciones emocionales severas, pero sus técnicas sirven para cualquiera que sienta que sus emociones toman el mando. Su función principal es la supervivencia emocional. Frena el síntoma y estabiliza el sistema nervioso. Es la terapia que necesitas si tu nivel de angustia está en un 8 o 9 sobre 10. Funciona cuando el estrés te lleva a aislarte, a reaccionar de forma explosiva o a autoboicotearte, y necesitas recuperar el control de forma inmediata.

La ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso), en cambio, no busca relajarte ni controlar lo que sientes. Su objetivo es darte flexibilidad. El dolor es natural, pero el sufrimiento crónico aparece cuando te pasas el día luchando contra esas sensaciones. La ACT ayuda a romper la rumiación para que dejes de tomarte tus pensamientos tan al pie de la letra. Es la mejor opción cuando tu malestar es moderado, un 5 o 6 sobre 10, pero te mantiene bloqueado. Sirve para cuando estás harto de gastar toda tu energía mental en intentar no sentir ansiedad y quieres empezar a centrarte en tus objetivos reales.

En la práctica, no tienes que elegir una u otra de forma excluyente. La clínica suele combinarlas. Si tienes un pico de ansiedad aguda, usas las herramientas de la DBT para estabilizarte. Cuando esa intensidad baja y lo que queda es un malestar de fondo o estrés crónico, entra la ACT. Esta última te da las pautas para convivir con esa ansiedad residual sin que tome las decisiones por ti. El mayor error es esperar a que la situación sea incontrolable para empezar a usar estas herramientas.

Recuerda que no estás solo.

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