Quizá no eran problemas

Hoy llegó a mis manos el libro Aprender a morir para poder vivir, de Xavi Argemí. Y llegó en un momento curioso, casi oportuno, en el que una palabra…

Quizá no eran problemas

Hoy llegó a mis manos el libro Aprender a morir para poder vivir, de Xavi Argemí. Y llegó en un momento curioso, casi oportuno, en el que una palabra lleva días resonando dentro de mí: recomenzar.

Recomenzar no siempre significa empezar desde cero. A veces significa mirar lo vivido desde otro lugar. Darle un nuevo nombre a las cosas.

Mientras leía, apareció una idea que me hizo detenerme. El autor explica que le cuesta llamar “problema” a aquello que sabe que no puede cambiar. Su enfermedad le impide moverse, comer o realizar gestos cotidianos que la mayoría damos por hechos. Sin embargo, en lugar de llamar a eso problema, utiliza otra palabra: circunstancia.

Las circunstancias —expone— simplemente están ahí. Forman parte de la realidad con la que uno convive. No se eligen, pero tampoco necesariamente se combaten. Se reconocen.

Y entonces surge una pregunta que, cuando aparece, promueve el cambio:

Si algo no tiene solución, ¿tiene sentido gastar energía intentando arreglarlo?

En su forma de verlo, los problemas son aquellas situaciones que sí tienen solución. Las circunstancias, en cambio, son aquello con lo que hay que contar. Y aceptar algo no significa rendirse, sino mirar con claridad lo que es.

Hay una escena sencilla que cuenta en el libro y que dice mucho. El momento en que se dio cuenta de que no podría hacer algunas cosas como los demás niños. Por ejemplo, nadar en la piscina. Ese instante, aparentemente pequeño, marca una comprensión profunda: la de reconocer los propios límites sin que eso impida seguir viviendo con sentido.

Mientras avanzaba en la lectura, me sorprendió la serenidad con la que describe su vida. No desde la queja ni desde la lucha constante, sino desde una lucidez muy poco común: la de quien distingue entre lo que puede cambiar y lo que simplemente forma parte del camino.

Y ahí volvió a aparecer la palabra del principio. Recomenzar.

Quizá recomenzar tenga algo que ver con eso. Con aprender a nombrar de otra manera lo vivido. Con mirar atrás y reconocer que muchas de las cosas que llamamos problemas eran, en realidad, circunstancias.

Recomenzar no es borrar la historia ni empezar desde cero. Es empezar otra vez con todo lo que ya somos, con todo lo que hemos vivido.

Desde la experiencia.

Desde lo aprendido.

Desde la vida tal como ha sido.

Y quizá ahí, precisamente ahí, es donde empieza lo verdaderamente nuevo.

Gracias, Xavi. Te debo una.

Si esto te resonó, hay más.

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