Un monstruo viene a verme: Los niños y su visión sobre la muerte

"Mamá, no quiero que te mueras". Fue lo que me soltó, de golpe, mi hija de 5 años. Nadie está enfermo en casa, nadie cercano ha fallecido. Mi hija está…

Un monstruo viene a verme: Los niños y su visión sobre la muerte

“Mamá, no quiero que te mueras”.

Fue lo que me soltó, de golpe, mi hija de 5 años. Nadie está enfermo en casa, nadie cercano ha fallecido. Mi hija está descubriendo de pronto que la gente desaparece. Le dije que eso no iba a pasar todavía, que soy joven y estoy sana. Pero su cabeza ya iba a mil por hora: “Bueno, o tú o cualquiera de mi familia. Me da muchísimo miedo que alguien se muera”. Empezó a llorar y me hizo la pregunta que te deja completamente desarmada: “Mamá, ¿me lo puedes arreglar?”.

El psiquiatra Irvin Yalom dice que los niños creen que sus padres son todopoderosos. Somos su “rescatador supremo”. Cuando les decimos la verdad, que la muerte es algo que simplemente pasa y no podemos evitar, ese escudo se rompe. Darse cuenta de que mamá no tiene una varita mágica para esto asusta bastante.

Como no podemos prometerles que viviremos para siempre, Yalom propone hablar de la “inmortalidad simbólica”. Le conté sobre mi abuela, que murió hace 25 años. Le expliqué que la gente que perdemos se queda en el recuerdo, y que yo sigo llevando a mi abuela conmigo. Esa noche se calmó y durmió bien.

Pero al día siguiente se despertó aterrorizada. Soñó que un monstruo negro gigante entraba en casa y nos echaba, hasta que alguien lograba matarlo y podíamos volver.

Su cerebro estaba procesando la charla del día anterior. La investigadora María Nagy explica que, entre los 5 y los 7 años, los niños pasan por la “Etapa 2” al entender la muerte. Como “dejar de existir” es un concepto demasiado abstracto, la mente necesita darle una forma física. Ese monstruo invadiendo nuestra casa, su lugar más seguro, era la muerte. El detalle clave del sueño es que alguien lograba matar al monstruo. A esta edad empiezan a entender que la muerte es definitiva, pero el pensamiento mágico todavía les hace creer que un héroe fuerte podría vencerla.

Hacer preguntas incómodas o tener pesadillas con monstruos no es una mala señal. Es un paso completamente normal.

El instinto de cualquier padre casi siempre es protegerles del dolor. Cuando tu hijo te mira con esos ojos llenos de miedo, lo más fácil del mundo es soltar la gran mentira: “tranquila, yo nunca me voy a ir, a nosotros no nos va a pasar”.

Pero no lo hagáis. Prometerles que somos inmortales solo retrasa lo inevitable y hace que la caída sea mucho peor cuando descubran cómo funciona la realidad. Es durísimo tragar saliva y admitir ante tus hijos que tú tampoco tienes el control de todo. Sin embargo, no necesitan que les mintamos para sentirse a salvo. Necesitan saber que pueden hablar de sus peores miedos con nosotros sin que nos pongamos nerviosos o cambiemos de tema.

Si miramos hacia otro lado o fingimos que no pasa nada, su monstruo solo se hace más grande. Toca darle la razón, aceptar que da muchísimo miedo y demostrarles que, aunque no podamos arreglarlo todo, nos sentaremos a su lado con la luz encendida.

 

monstruo

Aprovecho para recomendaros una película sobre cómo procesa y afronta un niño la grave enfermedad de su madre:

Si esto te resonó, hay más.

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