Cuando el cuerpo dice basta: lo que la DBT nos enseña sobre parar

Este blog nace con una intención muy clara: ser honesta. No deseo escribir desde lo ideal, sino desde lo real, desde lo que puede verse, sentirse. Y si en…

Cuando el cuerpo dice basta: lo que la DBT nos enseña sobre parar

Este blog nace con una intención muy clara: ser honesta. No deseo escribir desde lo ideal, sino desde lo real, desde lo que puede verse, sentirse. Y si en algún momento lo que escribo puede ayudar a alguien que no lo está pasando bien, entonces tiene sentido que estemos hoy aquí.

Hace unos días, mi cuerpo se paró. Y no fue una decisión consciente. Fue más bien como si mi mente después de sostener demasiado durante demasiado tiempo, hubiera dicho: “hasta aquí”. Sin energía, sin capacidad, sin margen para seguir funcionando como siempre.

Desde la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT), esto se puede entender como un fallo en la regulación emocional. Cuando el nivel de activación es demasiado alto durante demasiado tiempo, el sistema nervioso deja de poder autorregularse de forma eficaz. Entramos en lo que podríamos llamar un estado de colapso o agotamiento: no es falta de voluntad, es saturación.

Y aquí aparece algo clave en DBT: la validación. Reconocer lo que está pasando sin minimizarlo ni juzgarlo. Poder decir: “Tiene sentido que esté así”. Porque muchas veces el sufrimiento no viene solo de lo que sentimos, sino de la lucha constante contra ello.

Pero hay otra parte más difícil todavía: aceptar parar. No desde la rendición, sino desde la regulación. Porque parar implica soltar el control, frenar la exigencia, dejar de empujar cuando todo dentro de ti quiere seguir. Y eso cuesta, mucho.

La mente y el cuerpo no siempre van al mismo ritmo. Una parte de mí quiere seguir haciendo cosas, volver a la normalidad, recuperar el control. Pero otra parte sabe que, si ignoro esto, voy a volver al mismo punto… o peor.

Sostener ese equilibrio es difícil. Es un ejercicio constante de autocontrol, de escucha, de límites internos. De no dejar que la mente arrastre al cuerpo a un lugar donde ya ha demostrado que no puede sostenerse.

No es fácil mantenerse en ese punto medio. De hecho, es uno de los mayores retos: no irse al extremo de la sobreexigencia, pero tampoco al abandono total. En DBT, esto tiene mucho que ver con encontrar una “mente sabia”: ese lugar donde emoción y razón pueden convivir sin destruirse.

Entendamos pues, que la idea de parar no es una derrota. Es intervenir a tiempo. Es evitar seguir haciéndonos daño cuando ya hemos llegado al límite.

Y aunque no siempre podamos elegir cuándo parar, sí podemos aprender algo de esos momentos:

Escuchar antes. Frenar antes. Cuidar antes.

Y, sobre todo, tratarnos con un poco más de humanidad cuando el cuerpo, finalmente, decide parar por nosotros.

Si esto te resonó, hay más.

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